Por el rotario que partió, por quien tuvo que retirarse, por quien está pensando hacerlo y no viene a reuniones, por quien no puede seguir pagando la cuota, por quien se cambió de ciudad, por quien perdió el trabajo, por quien no encontró algo que hacer y por todos quienes durante largo tiempo ocuparon un lugar en su club y ya no están.
Por el lugar que ocupó en esa silla, dejándonos un gran recuerdo, un gran ejemplo y la amistad. Por quien lucía orgulloso su insignia rotaria, quien se preocupaba de quienes la dejaban vacía y quienes traían a alguien para que la ocupara. Por todos los que semana a semana nos animaban a sentarnos en la mesa de la amistad.
Principalmente para aquellos que aún no la ocupan, por quienes mientras nos reunimos caminan por las calles sin ver, sin oír el grito silencioso de quien sufre y llama, esperando un milagro para calmar la ansiedad por no ser ni tener. Una silla vacía espera que TÚ ayudes a ocuparla buscando un nuevo socio o socia. Lo que puede ser motivación y poesía, tiene que materializarse en un trabajo real y planificado.
Cada socio tiene la responsabilidad de traer un nuevo socio cada año, cada dos, cada tres años. Pero al menos traiga a alguien. ¿O es que Rotary no merece su preocupación? ¿Cómo motivar y lograr que esto suceda? Volvemos a lo principal, tener un buen club, un buen programa de sesiones, excelentes programas de servicio, para cuando alguien llegue, no tengamos que convencer con palabras, sino que se convenzan por los hechos. Cuando un club funciona, da gusto invitar a alguien a compartir lo que tenemos, porque estamos seguros de que es bueno.
Cuando un club no funciona, da miedo invitar a alguien, porque reflejará nuestra propia incapacidad.